Aborto, Bautismo y Bienaventuranza Eterna

La discusión sobre el aborto habitualmente se centra en el derecho a la vida del niño por nacer, olvidando el aspecto trascendente de la cuestión, es decir la vida eterna.
En efecto, al morir en la Cruz y derramar su sangre infinitamente preciosa, Nuestro Señor Jesucristo nos abrió las puertas del Cielo.
Tenemos entonces la gravísima obligación moral de aprovechar los frutos de la Redención.

Por eso la Santa Iglesia Católica determina que, en situaciones de riesgo, médicos y parteras administren el sacramento del bautismo a recién nacidos e incluso a fetos dentro del útero. Asimismo prescribe que, en los abortos espontáneos, el feto sea bautizado si está vivo y bajo condición si se duda de ello.
Precisamente, ese bautismo es sistemáticamente negado a los fetos extirpados criminalmente del seno materno, incluso hasta en los frecuentes casos en que el nonato es arrancado aún con vida. (*)
En Consecuencia, agrava aún más el monstruoso pecado del aborto esa indiferencia ante el destino que desde su concepción, tiene el hombre a la bienaventuranza eterna. (**)
(*) Cfr. Mons. Dr. Luis Alonso Muñoyerro “Moral Medica en los Sacramentos de la Iglesia”.
Ed. Fax. Madrid. 1955. 4ta Edic., Código de Derecho Canónico. Pp. 25-49
(**) Cfr. “Catecismo de la Iglesia Católica”. n° 1703
DEL LIBRO 55 preguntas y respuestas sobre el ABORTO que todo argentino debería conocer ACCIÓN FAMILIA

 

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