De la Situación Actual

Observando la situación actual y corroborando la falta de hidalguía en la defensa de la civilización cristiana por parte de muchos católicos y de la propia jerarquía transcribimos aquí la VIII Estación del Vía Crucis compuesto por Plinio Correa de Oliveira por ser fiel intérprete de la situación actual de la Iglesia y el mundo
JESÚS CONSUELA A LAS HIJAS DE JERUSALÉN
NO FALTARON entonces almas buenas, que percibían la enormidad del pecado que se practicaba y temían la justicia divina. ¿No presencio yo algún pecado así? Hoy en día, ¿no es verdad que el Vicario de Cristo es contestado abandonado, traicionado? ¿No es verdad que las leyes, las instituciones, las costumbres son cada vez más hostiles a Jesucristo? ¿No es verdad que se construye todo un mundo, toda una civilización basada sobre la negación de Jesucristo? ¿No es verdad que Nuestra Señora habló en Fátima señalando todos estos pecados y pidiendo penitencia?
Entretanto, ¿dónde está esa penitencia? ¿Cuántos son los que realmente ven el pecado y procuran señalarlo, denunciarlo, combatirlo, disputarle paso a paso el terreno, erguir contra él toda una cruzada de ideas, de actos, de viva fuerza si fuere necesario? 

¿Cuántos son capaces de desplegar el estandarte de la ortodoxia absoluta y sin mancha, en los propios lugares donde campea la impiedad o la falsa piedad? ¿Cuántos son los que viven en unión con la Iglesia este momento que es trágico como trágica fue la Pasión, este momento crucial de la historia en que una humanidad entera está optando por Cristo o contra Cristo?
¡Ah, Dios mío, cuántos miopes que prefieren no ver ni presentir la realidad que les entra por los ojos! ¡Cuánta calma, cuánto bienestar menudo, cuánta pequeña delicia rutinaria! ¡Cuánto sabroso plato de lentejas para comer!
Dadme, Jesús, la gracia de no ser de este número. La gracia de seguir vuestro consejo, esto es, de llorar por nosotros y por los nuestros. 
No con un llanto estéril, sino con un llanto que se vierte a vuestros pies, y que, fecundado por Vos, se transforma para nosotros en perdón, en energías de apostolado, de lucha, de intrepidez.

 

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