12 de Octubre – Día de la Hispanidad

Hace varios siglos, cuando el ser humano entendió el significado de la palabra Redención, la civilización floreció como en una exuberante primavera. La visión Teocéntrica del universo le dio la capacidad de generar maravillas que perduran hasta hoy: instituciones, costumbres, centros de enseñanza, modos corteses y diplomáticos moldearon el convivir de las naciones y los hombres de tal modo, que se podía decir que las viejas costumbres paganas, hedonistas dictatoriales y egocéntricas, estaban desterradas.
De tal modo, eso se comprueba cuando León XIII manifiesta al final de su tan actual encíclica Inmortale Dei, sobre la relación del Estado y la Santa Iglesia publicada Roma el 1 de Noviembre de 1885:
“Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados. En aquella época la eficacia propia de la sabiduría cristiana y su virtud divina habían penetrado en las leyes, en las instituciones, en la moral de los pueblos, infiltrándose en todas las clases y relaciones de la sociedad. La religión fundada por Jesucristo se veía colocada firmemente en el grado de honor que le corresponde y florecía en todas partes gracias a la adhesión benévola de los gobernantes y a la tutela legítima de los magistrados. El sacerdocio y el imperio vivían unidos en mutua concordia y amistoso consorcio de voluntades. Organizado de este modo, el Estado produjo bienes superiores a toda esperanza. Todavía subsiste la memoria de estos beneficios y quedará vigente en innumerables monumentos históricos que ninguna corruptora habilidad de los adversarios podrá desvirtuar u oscurecer.”

A partir de la filosofía humanista que comenzó a opacar la visión metafísica del hombre, la decadencia se ha ido acelerando hasta llegar a nuestros días con un sentido barbárico y violento, como barbáricos y violentos fueron los tiempos anteriores a la Redención.
La mujer cosificada por la propia mujer, el varón denigrado por él mismo, los valores de familia y sus tradiciones denigrados casi al punto de desaparecer, la propiedad privada sostén de la familia, abolida en las ideas como cosa inútil a la sociedad y la misma noción de patria ridicularizada con burlescas representaciones públicas.
Para nosotros, Católicos Apostólicos Romanos, ante la agresión laicista revolucionaria nos cabe luchar con los argumentos y las armas que Nuestro Señor nos donó en la misma Cruz: la doctrina milenar, la oración, la Confianza plena en Nuestra Señora mediadora de todas las gracias y la clara convicción que ésta agresión universal es absolutamente religiosa, por centrarse solo en la destrucción de la Santa Iglesia de Cristo, Quién al fundarla, dijo al primero de sus Vicarios “las puertas del infierno no prevalecerán sobre Ella.”
Con esa convicción y la afirmación dada por Nuestra Señora en Fátima, combatiremos sin desfallecer, porque Ella aseguró “Por fin Mi Inmaculado Corazón triunfara.”

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