Solidarios con la Nación francesa y como Católicos llenos de esperanza hacemos nuestras, vuestras palabras

Comunicado de la Asociación Francesa para la Defensa de la Tradición, la Familia y la Propiedad

Es con horror y tristeza indecible que el mundo entero ha visto a Nuestra Señora, la joya de la cristiandad, devorada por las llamas, incluso cuando una ola de profanación toca nuestros santuarios.

   Nuestra Señora de París se ha convertido, en el preciso momento en que comienza la Semana Santa, Nuestra Señora de los Dolores.

  El coraje de los bomberos salvó las torres y los muros. Pero la flecha apuntando al cielo, se derrumbó sobre sí misma.

  ¿Cómo no ver en esta tragedia el símbolo del mal que roe Francia, una vez una perla del mundo cristiano?

  Un fuego impío devora a nuestro país, alimentado por la obsesión igualitaria que destruye todo lo que recuerda, por su verticalidad, la dirección del Cielo. Este fuego, realmente infernal, a veces surge, por desgracia, desde dentro de la propia Iglesia, dando la ilusión de que se derrumbará.

  Fluctuat nec mergitur , golpeada por las olas, no se hunde. El lema de París se aplica con certeza a la Roma eterna. Esta es la razón por la que las ruinas de Notre Dame no deben llevar a los católicos a la desesperación. 

  Por el contrario, en cuanto a los fieles reunidos en las orillas del Sena y rezando, deben ser una oportunidad para acudir a la Santísima Virgen y pedirle la fuerza para extinguir el mal que consume a Francia. 

Sociedad Francesa para la Defensa de la Tradición, Familia, Propiedad – TFP

12, avenue de Lowendal – 75007 PARIS – Té1. : (1) 45 55 61 88 Fax: (1) 45 55 59 86

Fuente: http://tfp-france.org/notre-dame-de-paris-en-flammes/


NOTA ORIGINAL (FRANCÉS):

Notre-Dame de Paris en flammes – Communiqué de l’association française pour la défense de la Tradition, Famille et Propriété.

   C’est avec horreur et une tristesse indicible que le monde entier a vu Notre-Dame, joyau de la chrétienté, dévorée par les flammes, alors même qu’une vague de profanations touche nos sanctuaires.

   Notre-Dame de Paris est devenue, au moment même ou commence la Semaine sainte, Notre-Dame des douleurs.

  Le courage des pompiers ont permis de sauver les tours et les murs. Mais la flèche qui pointait vers le ciel, s’est effondrée sur elle-même.

  Comment ne pas voir dans cette tragédie le symbole du mal qui ronge la France, autrefois perle du monde chrétien ?

  Un incendie impie dévore notre pays, alimenté par l’obsession égalitaire qui détruit tout ce qui rappelle, par sa verticalité, la direction du Ciel. Ce feu proprement infernal, s’élève parfois, hélas, de l’intérieur même de l’Église, donnant l’illusion que celle-ci va s’écrouler.

  Fluctuat nec mergitur, battue par les flots, elle ne sombre pas… La devise de Paris, s’applique avec certitude à la Rome éternelle. C’est pourquoi les ruines de Notre-Dame ne doivent pas conduire les catholiques au désespoir. 

  Au contraire, comme pour les fidèles massés sur les quais de la Seine et qui priaient, elles doivent être l’occasion de nous tourner vers la Sainte Vierge et lui demander la force d’éteindre le mal qui consume la France. 

Société française pour la défense de la Tradition, Famille, Propriété – TFP

12, avenue de Lowendal – 75007  PARIS – Té1. : (1) 45 55 61 88 Fax : (1) 45 55 59 86

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